Iglesia de Dios
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El Bien y el Mal

Creemos que existe el bien y el mal, y que el hombre, a semejanza de Dios, tiene capacidad para distinguirlos (Romanos 2.14-16; Levítico 10.10).

Creemos que algo es considerado bueno o malo en función de la voluntad divina, aunque momentáneamente sea incomprensible o inexplicable para los humanos (1 Juan 3.4).

Creemos que el creyente debe vivir con moral, nunca ha de ser inmoral o amoral (1 Pedro 1.14-16).

Creemos que el juicio final estará basado en esta moral (Romanos 2.12, 2 Corintios 5.10).

Los Diez Mandamientos

Creemos que el Decálogo, tal como fue dado en el monte Sinaí, es la regla determinada en la conducta de la humanidad, y en forma particular de la Iglesia de Dios (Romanos 2.12; Mateo 19.16-21; Apocalipsis 12.17).

Creemos que la Ley existió desde la creación (Romanos 5.12, 13). C

reemos que el Decálogo resume la moral de Dios, y que el desacato a alguno de estos principios es rebelión contra Dios mismo (Jeremías 6.19; Juan 14.15).

Creemos que el creyente debe evitar la idolatría, la fabricación e imágenes cultuales, así como su adoración o veneración, creemos que el Nombre debe pronunciarse a usarse en forma exclusiva cuando las circunstancias así lo ameriten, y tan sólo para su glorificación, creemos que debe consagrarse a Dios el séptimo día de cada semana (sábado), conocido en las Escrituras como Shabat (Éxodo 20.2-11; 1 Corintios 10.7, 14-22).

Creemos que el creyente debe honrar a su padre y a su madre; creemos que debe evitar el homicidio, el adulterio, el hurto, el falso testimonio y la codicia (Éxodo 20.12-17; Mateo 19.16-19).

Ética del Cristiano

Creemos que el creyente es responsable de su conducta ante sí mismo, ante el prójimo y ante Dios (Romanos 2.15; 1 Samuel 2.25; 2 Timoteo 4.1).

Creemos que el creyente, en su conducta, debe dejarse guiar por los siguientes principios: a) Su objetivo existencial es la glorificación a Dios; b) Su responsabilidad es amar a Dios y al prójimo; c) Su norma de vida es el Decálogo, además de las leyes morales contenidas en las Escrituras, desde el Antiguo Testamento (Isaías 43.7; Filipenses 4.8; Deuteronomio 6.5; Levítico 19.18).

Creemos que el creyente debe vivir imitando al Señor Jesucristo (1 Pedro 2.21).

Creemos que el creyente debe evitar la mundanalidad: lujuria de la carne; lujuria de los ojos y soberbia de la vida; creemos que el creyente debe abstenerse de fornicaciones (adulterios, homosexualidad, prostitución, afeminación, perversiones o aberraciones sexuales), pleitos, celos, herejías, hechicerías, alcoholismo, tabaquismo, drogadicción y fármaco dependencia, pornografía, palabras torpes, juegos de azar, modas inmorales, guerras... (1 Juan 2.16, Gálatas 5.19-21).

Creemos que el creyente debe promover los valores positivos como son la familia, la sociedad, la superación cultural, las virtudes, el trabajo, los derechos humanos y la paz (1 Timoteo 5.4; 2 Pedro 1.5; 2 Tesalonicenses 3.12; Mateo 5.9).